Ir al contenido principal

Joan

Llegaste a mi vida de sorpresa
quizás porque no te busqué,
quizás porque no te esperaba.

Tu eres el sol de mis días
y también la luna de mis noches...
me miras con esos ojos negros
al instante me pierdo en tus labios al compás de un beso.

Cómo no amarte si contigo se borran mis tristezas
no quiero alejarme de tus abrazos...
esos que me apegan a tu pecho
permitiéndome oír la melodía de tu corazón, mi corazón.

Mi alma te ama, mi corazón te ama...
yo te amo, sólo por ser como eres...
dulce, cariñoso, mi bello amor, el hombre que quiero.

Bendito sea Dios que me permitió concerte
que me dio la dicha de tenerte por siempre,
abrazando mis abrazos, compartiendo nuestros besos...
y uniendo nuestras vidas para siempre en un ¡Te quiero!
18/03/2005

Comentarios

Entradas populares de este blog

Se fue con Alzheirmer

Una mañana despertó vacio sus ojos estuvieron fijos en la nada su boca un mal gesto dibujaba y sus pies ya no le respetaban. Una mañana ya no era él se despertó y de mí no se acordaba me atemorice, no dije nada un nudo en mi garganta se formaba. Una mañana lo llamó Alzheimer y prefirió irse con él sin titubear al regresar ya no era el mismo. Lo vi caminar sin rumbo, hablar con su sombra llamar a sus muertos vivos y enterrar a sus vivos en el profundo mar de su memoria. Sólo yo lo miraba cuando podía cuando mis ojos no se nublaban yo lo veía con tristeza yo lo despedía y él no lo notaba  prefirió olvidar e irse de viaje con Alzheirmer.

La Reina

Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas, la alfombra que no existe. Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo. Sólo tú y Yo, sólo tú y yo, amor mío, lo escuchamos. Pablo Neruda

Amor de tarde

Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cuatro y acabo la planilla y pienso diez minutos y estiro las piernas como todas las tardes y hago así con los hombros para aflojar la espalda y me doblo los dedos y les saco mentiras. Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cinco y soy una manija que calcula intereses o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas o un oído que escucha como ladra el teléfono o un tipo que hace números y les saca verdades. Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las seis. Podrías acercarte de sorpresa y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos yo con la mancha roja de tus labios tú con el tizne azul de mi carbónico. Mario Benedetti (Uruguayo)